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Keynes y la “Santísima Trinidad”, Prof. Josep Sayeras
El concepto “rescate de un país” tiene un tono peyorativo en los círculos financieros y, actualmente, incluso en otros ámbitos. Ello se debe, probablemente, a que va precedido de otro, que sino comparte el mismo apelativo de peyorativo, si que se podría calificar, como mínimo, de delicado: crisis.
La teoría ortodoxa explicita que independientemente de la causa específica de la crisis financiera, salir de esa situación requiere dos medidas: una combinación de políticas de ajuste – menos gasto o más ingresos, o ambas medidas para reducir el déficit público; y más exportaciones o menos importaciones, o ambas para reducir el déficit externo – y una financiación de emergencia – sea a través de un crédito de organismos internacionales o de una reestructuración de la deuda –. En cualquier caso, las crisis – financieras o económicas – internacionales cuentan con la presencia de un agente económico involucrado en las dos medidas: el Fondo Monetario Internacional.
Los hechos ocurridos durante la época inmediatamente posterior a la Primera Guerra Mundial y el periodo de entreguerras provocaron que, antes de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, concretamente en junio de 1944, se abriera un debate sobre cuál sería la mejor forma de organizar el Sistema Monetario Internacional. Con este propósito se organizó, por primera vez en la historia, una conferencia mundial sobre la cuestión. La conferencia tuvo lugar en un pueblecito de New Hampshire (Estados Unidos) que luego sería conocido mundialmente por este hecho: Bretton Woods. En ella, se acordó la creación de un organismo internacional que velara cada uno de los tres temas principales tratados – monetaria, comercial y de reconstrucción –. Ese es el origen del Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Internacional del Comercio (OIC) y el Banco Mundial para la Reconstrucción y el Desarrollo, más conocido posteriormente como Banco Mundial (BM).
Sería enormemente interesante releer en la actualidad, con la sabiduría que da el paso del tiempo, las actas de las reuniones de la conferencia. Probablemente, entenderíamos mejor por qué los ejes de ese “nuevo y ordenado” Sistema Monetario Internacional tenían que pivotar sobre la disciplina y la flexibilidad. La disciplina, aporte americano sobre los temas monetarios, para asegurar la estabilidad de los tipos de cambio tan querida bajo el Patrón Oro, pero sin dejar que esa estabilidad les clavara en la ya famosa “cruz de oro”. Por esa razón, se demandaba flexibilidad, argumentada por Keynes, para no atar la política monetaria nacional a los compases del equilibrio externo ni que la economía interna tuviera que seguir el ritmo de los ciclos internacionales. ¿Les suenan los argumentos?
El resultado fue un híbrido entre disciplina y flexibilidad que respondería al nombre de sistema de Bretton Woods, basado en unos tipos de cambio fijos, pero ajustables. Aunque la práctica demostraría que eran ajustables, pero fijos; puesto que para ello (la ajustabilidad) se requerían dos condiciones: un desequilibrio fundamental (concepto que nunca se describió en el Tratado Constitutivo probablemente por la pasión anglosajona a los códigos abiertos) y la justificación del porcentaje de devaluación frente al FMI.
Un supuesto fundamental para las economías abiertas es la movilidad perfecta del capital, lo que implica necesariamente un arbitraje de los tipos de interés internacionales (uncovered parity interest). Esta implicación ha dado lugar a la “trinidad imposible” (unholy trinity), consistente en que un país sólo puede conseguir a la vez dos de los tres objetivos de la lista siguiente: tipo de cambio fijo, política monetaria orientada hacia objetivos domésticos y movilidad perfecta de capitales internacionales.
Los arquitectos de semejante estructura tenían ya muy claro dicho supuesto, que se enunció posteriormente, y trataron de lidiar con él. Las ucronías sirven de poco, pero conocer las lecciones de la historia debería sernos útil en estos momentos de incertidumbre. ¿Cuál sería la elección de John Maynard Keynes en la situación actual?
Social Media para acortar la distancia entre innovadores y early adopters
Tradicionalmente analizábamos el tiempo que tardaba un producto nuevo en llegar a la mayoría mediante un gráfico de adopción de productos. Sería algo similar a esto:
Cuando queríamos llegar a la mayoría temprana, para poder empezar a aprovechar economías de escala en nuestra producción teníamos que comunicar mucho, de forma que pudiéramos llegar a todos. Por lo que para alcanzar un mínimo volumen que fuera rentable para la empresa, la inversión en comunicación era muy elevada.
Esto está empezando a cambiar. Internet nos está ayudando a esto, principalmente con las redes sociales y la capacidad de viralización que tienen. Son los frikis que pasan el día con su smartphone, blogueando, comentando en twitter, comprando nuevos cacharros… Estos frikis son nuestra principal herramienta para llegar a mayor cantidad de gente.
¿Cómo funciona esto?
El mecanismo que propongo es sencillo. Estas personas son las primeras en probar muchos de los productos, y si no lo son, hagamos que lo sean. Están funcionando muy bien eventos en los que se invita “personas influyentes” para que comenten lo que está pasando y lo que están viendo. Lo que ocurre en realidad es que estas personas tienen capacidad de llegar a otras que no son tan innovadores y que confían en ellos. Vale mucho más esta comunicación por parte de los usuarios que si lo hiciera la propia empresa, ya que confiamos más en las personas que en la publicidad.
Lo que propongo es algo así:
La inversión que necesitamos para llegar y la fuerza con la que lo hacemos es mucho mayor con este nuevo modelo.
Empecemos a pensar en internet como modo de llegada al mercado utilizando todo lo que sus herramientas nos permiten. La confianza que infunden algunos de sus usuarios no podríamos conseguirla de ninguna otra forma
Internet es un canal, pero tiene personas que voluntaria o involuntariamente harán parte de nuestra comunicación y nuestro plan de marketing.
¡Contemos con ellos en nuestras estrategias!

